“Soy casi feliz,”, admite él. “Nunca antes me había sentido tan cerca de la auténtica felicidad.”
Tras las gafas oscuras puede verse el brillo de sus ojos. Recién llegado de Santiago de Chile, donde expuso sus sorprendentes máquinas (una “pequeña” giganta de 9 metros de altura y un rinoceronte de 30 toneladas), la mente de Jean-Luc Courcoult sigue estando todavía llena de cariñosos recuerdos del viaje.
Durante cuatro días, un millón de chilenos vieron el superespectáculo que les había preparado y se enamoraron de sus descomunales artilugios. La Presidenta chilena, Michelle Bachelet, participó también donando un traje y bebiendo café con la marioneta gigante.
Después de Londres y Anvers, pronto le tocará el turno a Reykjavik de conocer a la pequeña giganta. El espectáculo nació en Nantes, al igual que la mayoría de las creaciones de la compañía Royal de Luxe, desde que llegaron aquí para quedarse en 1990.
Los inventos de Courcoult surgen de la pasión, un sentimiento al que los nanteses han correspondido apasionadamente. El primer gigante llegó aquí en 1994. Su hijo africano, acompañado por jirafas, le siguió en 1998 y en el 2002, y recientemente fueron sustituidos por la pequeña giganta, su elefante y un sultán indio. Con cada aparición, cientos de miles de nanteses acuden al centro de su ciudad para seguir a sus personajes favoritos de proporciones épicas cuando avanzan pesadamente por sus calles.
Courcoult dice que los gigantes fueron inspirados por Julio Verne, un chico de Nantes que sentía pasión por las máquinas, por su diseño y por su funcionamiento interno. “Lo que inventamos aquí es una nueva forma de teatro,” explica, “una historia que viaja a través del tiempo.” El éxito de esta nueva forma de arte se basa en gran medida en su capacidad para sorprender y para renovar el espectáculo con regularidad. Courcoult ya está trabajando en su próxima creación, que se llamará la Sublevación de las Muñecas. Durante 10 días del año 2008, en los escaparates de las tiendas de la ciudad, 100 maniquíes, incapaces de soportar su existencia por más tiempo, se rebelarán. El espectáculo promete una combinación de efectos cómicos, surrealismo y poesía.
¿Funcionará en Nantes? A pesar de su éxito anterior, Courcoult no da nada por hecho y no se sentirá seguro hasta que vea las calles atestadas de gente aplaudiendo sus esfuerzos previos. Estas masas son una representación de todas las edades, posiciones sociales y estilos de vida que ofrece Nantes. Su espontaneidad y participación son siempre su aliento. Dice el diseñador, “Todas las personas llegan con sus propias emociones y las proyectan a las máquinas, lo que les da vida. Lo que más me sorprende son las miles de manos que saludan a la pequeña giganta, como si ella pudiera verlos y comunicarse con ellos.
Nantes se ha convertido en su laboratorio vivo. La saga en curso que ha regalado a su ciudad adoptiva instituye una memoria colectiva y una alegría desbordante que es compartida por todo Nantes. Y quien sabe… puede que hasta consiga que Jean-Luc Courcoult sea completamente feliz algún día.